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Exposición Universal de París de 1900

Exposición Universal de París de 1900

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L'Exposition universelle de 1900

Arquitectos:
Hector Guimard
Joseph Bouvard Charles Girault Henri Deglane Albert Louvet Albert-Félix-Théophile Thomas Gustave Eiffel René Binet Georges Hénard Frantz Jourdain Charles Plumet

Ubicación:
París, Francia

Promotor:
Estado francés

Año:
1897-1900

Superficie:
120 hectáreas

L'Exposition universelle de 1900

Arquitectos:
Hector Guimard
Joseph Bouvard Charles Girault Henri Deglane Albert Louvet Albert-Félix-Théophile Thomas Gustave Eiffel René Binet Georges Hénard Frantz Jourdain Charles Plumet

Ubicación:
París, Francia

Promotor:
Estado francés

Año:
1897-1900

Superficie:
120 hectáreas

Obra

La Exposición Universal de París de 1900, conocida también como la Exposition de Paris 1900, fue un evento celebrado en la capital francesa desde el 14 de abril hasta el 12 de noviembre de 1900. Su objetivo principal fue celebrar los logros del siglo XIX y acelerar el desarrollo de la nueva era. Esta fue la sexta de las diez exposiciones universales realizadas en París entre 1855 y 1937, y tuvo como escenarios principales la explanada de Les Invalides, el Champ de Mars, el Trocadéro y las orillas del río Sena, con una extensión adicional en el Bois de Vincennes. Más de cincuenta millones de personas asistieron al evento, donde se llevaron a cabo congresos internacionales y eventos de gran magnitud, incluyendo los Juegos Olímpicos de verano de 1900.

La Exposición presentó avances tecnológicos notables, como la noria llamda Grande Roue de París, una acera móvil denominada Rue de l’Avenir, la primera línea de trolebuses de pasajeros, escaleras mecánicas, motores diésel, automóviles eléctricos, baterías de célula seca, camiones de bomberos eléctricos, películas parlantes y el telegrafófono, primer dispositivo de grabación magnética. Además, fue un importante escaparate para el estilo Art Nouveau y reafirmó el estatus de Francia como potencia colonial, con pabellones temáticos en la colina del Palacio de Trocadéro.

Entre las obras arquitectónicas construidas para la ocasión destacan el Grand Palais, el Petit Palais, el puente de Alejandro III, la estación de tren Gare d’Orsay y la Línea 1 del Metro de París, con sus entradas diseñadas por Hector Guimard, algunas de las cuales aún se conservan en la ciudad.

Historia

Las exposiciones internacionales de los siglos XIX y XX surgieron en varios países de Europa como eventos bienales dedicados a exhibir los avances tecnológicos, artísticos y científicos de la época. Estas ferias buscaban, principalmente, demostrar los avances tecnológicos de la ingeniería, diseño y ciencia en general, estableciendo un escenario en el que las naciones competían por mostrar su progreso. París, apodada la capital de la modernidad, desempeñó un papel crucial en esta historia al organizar grandes ferias en 1889 y 1900. La Exposición Universal de 1900 destacó por su magnitud, participación y preparación.

La planificación de la Exposición de 1900 comenzó en 1892 bajo la presidencia de Sadi Carnot y con Alfred Picard como Comisionado General. Durante los ocho años de preparación, la organización del evento pasó por las manos de tres presidentes franceses y diez ministros de Comercio, hasta que finalmente, aunque con algunos edificios aún incompletos, fue inaugurada el 14 de abril de 1900 por el presidente Émile Loubet. La exhibición se extendió por 212 días, cerrando el 12 de noviembre, y atrajo a más de 50 millones de visitantes, incluidos expositores y delegados internacionales, convirtiéndose en la mayor feria mundial realizada hasta ese momento.

Para albergar la Exposición, París realizó importantes adaptaciones en su infraestructura y remodelaciones en varios de sus monumentos y edificios. Se habilitaron más de 100 hectáreas de terreno y 42 kilómetros de recorrido, dando espacio a los más de 60,000 expositores que participaron. En este entorno de esplendor conocido como la Belle Époque, la ciudad se transformó en un escaparate internacional de la innovación y el estilo Art Nouveau que dominaban Europa.

Francia invitó a 56 países a participar en el evento con representación oficial, de los cuales 40 aceptaron, junto con varias colonias y protectorados de Francia, los Países Bajos, Gran Bretaña y Portugal. Algunos países destacados fueron Austria, Bélgica, China, Estados Unidos, Japón, Rusia y Turquía. Además, participaron numerosas colonias y territorios bajo protectorado como Argelia, Indochina, Madagascar, Senegal, la Guayana Francesa, así como las colonias británicas en Canadá, India y Australia.

Emplazamiento

La Exposición Universal de París de 1900 se extendió a lo largo de 216 hectáreas, un área diez veces mayor que la del evento de 1855, y abarcaba ambos márgenes del río Sena. La sección principal se situaba desde la explanada de Les Invalides hasta la Torre Eiffel en el Champ de Mars, incluyendo el Grand Palais y el Petit Palais en la margen derecha del río. Además, se destinó una sección adicional de 104 hectáreas en el Bois de Vincennes, dedicada a exhibiciones agrícolas y otras estructuras.

Los edificios de la exposición fueron concebidos como estructuras temporales, construidos sobre armazones de hierro y cubiertos con estuco y materiales de bajo costo, lo cual permitió su rápida construcción. Muchos de estos edificios, aunque incompletos al inicio de la exposición, se demolieron poco después de su cierre.

La Porte Monumentale

La entrada principal, la Porte Monumentale de Paris, se ubicaba en la Place de la Concorde. Diseñada por el arquitecto René Binet, esta puerta de acceso monumental estaba inspirada en los estudios biológicos de Ernst Haeckel y presentaba una decoración de cerámica policromada en estilo bizantino. La entrada estaba coronada por una estatua de 6,5 metros de altura llamada La Parisienne, que representaba a una figura femenina vestida a la moda parisina de la época. La estatua fue esculpida por Paul Moreau-Vauthier en colaboración con la reconocida modista Jeanne Paquin, quien diseñó el vestuario de la figura. En la parte inferior, se situaba una proa escultórica que simbolizaba a París, junto con frisos que representaban a los trabajadores de la exposición. A cada lado del arco central se erigían dos torres delgadas y altas, similares a minaretes, que se iluminaban de noche con 3,200 bombillas y cuarenta lámparas de arco, permitiendo el paso de hasta 40,000 visitantes por hora.

El Pont Alexandre III

El Puente de Alejandro III fue una conexión fundamental de la exposición, uniendo los pabellones y palacios de ambas orillas del Sena. Nombrado en honor al zar Alejandro III de Rusia, simbolizaba la reciente alianza franco-rusa. La construcción del puente comenzó en 1896 con la colocación de la primera piedra por el zar Nicolás II, hijo de Alejandro III, y fue concluida para la inauguración de la exposición en 1900. Con una longitud de 108 metros, era el puente más largo y ancho de París en su momento y estaba construido en un solo arco de acero. Decorado principalmente con temas franceses, sus extremos contaban con cuatro pilares de piedra de 13 metros de altura, adornados con estatuas de figuras aladas y pegasos dorados. En la base, se representaban diferentes épocas de la historia de Francia, mientras que en el centro del puente se incorporaba una referencia a Rusia, con las Ninfas del Neva sosteniendo un sello dorado del Imperio ruso, como símbolo de la amistad entre ambas naciones.

Pabellones temáticos

Para albergar las exposiciones industriales, comerciales, científicas, tecnológicas y culturales, la organización francesa construyó enormes pabellones temáticos en la explanada de Les Invalides y en el Champ de Mars, reutilizando también la Galerie des Machines, una impresionante estructura metálica de la Exposición de 1889. En la orilla opuesta del Sena, se edificaron el Grand Palais y el Petit Palais, que estaban destinados a exhibiciones de bellas artes.

La feria contó con 83,047 expositores franceses y extranjeros, organizados en dieciocho grupos temáticos, cada uno clasificado en 121 categorías diferentes según el tipo de exposición. Los países con gran presencia en algún sector específico, como tecnología o industria, podían solicitar un espacio contiguo al pabellón principal para construir un pabellón independiente y así albergar a sus expositores.

Esta estructura temática, organizada de forma tan minuciosa, permitía a los visitantes recorrer un vasto panorama de los avances de cada nación en un solo espacio, con pabellones especialmente diseñados para destacar los logros de cada sector. Fue una disposición que falicilitaba que los visitantes comprendieran los adelantos en cada área, mientras paseaban entre los pabellones cuidadosamente estructurados que aún hoy reflejan la riqueza arquitectónica de la Exposición.

Palacios de la Óptica, las Ilusiones y el Acuario

Entre los treinta y tres pabellones oficiales de la Exposición Universal de París de 1900, veintiuno se dedicaron a la tecnología y las ciencias, siendo especialmente populares el Palacio de la Óptica, el Palacio de las Ilusiones y el Acuario.

El Palacio de la Óptica albergaba una de las atracciones más llamativas: el Gran Telescopio de la Exposición de París, que era el mayor telescopio refractor de su época. Este instrumento magnificaba la imagen de la luna hasta diez mil veces, proyectándola en una pantalla de 144 metros cuadrados dentro de una sala con capacidad para dos mil espectadores. El telescopio, con un tubo óptico de 60 metros de largo y 1,5 metros de diámetro, estaba fijo debido a su enorme peso, mientras que un espejo móvil de 2 metros redirigía la luz hacia el tubo. Entre las exhibiciones ópticas, el pabellón también presentaba un caleidoscopio gigante, que atrajo a tres millones de visitantes, junto a demostraciones de rayos X y actuaciones de bailarines en trajes fosforescentes.

Junto al Palacio de la Óptica se encontraba el Palacio de las Ilusiones, una sala de espejos y luces eléctricas que creaba espectáculos visuales llenos de color y efectos ópticos desconcertantes. Esta popular atracción se conservó tras la feria y pasó a formar parte del Museo Grévin, donde continuó cautivando al público con sus ilusiones.

Por su parte, el Acuario de la exposición, el más grande del mundo en su momento, contaba con una galería subterránea de 722 metros de longitud. Los tanques de agua, de 38 metros de largo, 18 metros de ancho y 6,5 metros de profundidad, albergaban una amplia variedad de vida marina exótica, ofreciendo a los visitantes una experiencia científica y visual sin precedentes.

Palacio de la Electricidad y el Castillo del Agua

El Palacio de la Electricidad y el adyacente Castillo del Agua (Château d’Eau), diseñados por los arquitectos Eugène Hénard y Edmond Paulin, se encontraban entre las atracciones más visitadas de la Exposición Universal de París de 1900. El Palacio de la Electricidad, una estructura monumental de 420 metros de largo y 60 metros de ancho, incorporaba algunos elementos arquitectónicos del antiguo Palacio del Champ de Mars de la exposición de 1889. Su diseño evocaba la imagen de un pavo real extendiendo su cola, con una torre central coronada por una enorme estrella iluminada y una estatua del Espíritu de la Electricidad de 6,5 metros de altura, que sostenía una antorcha alimentada por 50,000 voltios.

El Palacio albergaba generadores de vapor y motores eléctricos que proveían energía a toda la feria, permitiendo mantener las exhibiciones iluminadas hasta altas horas de la noche. La producción de electricidad requería aproximadamente 200,000 kilogramos de aceite por hora, y la fachada del Palacio y del Castillo del Agua se iluminaba adicionalmente con 7,200 lámparas incandescentes y diecisiete lámparas de arco, creando un espectáculo visual sin precedentes en la época.

Enfrentado al Palacio de la Electricidad, el Castillo del Agua destacaba por su imponente estructura con dos grandes cúpulas y una fuente entre ellas, capaz de hacer circular 100,000 litros de agua por minuto. Gracias a la energía del Palacio de la Electricidad, la fuente se iluminaba con luces de colores cambiantes durante la noche.

Grand Palais y Petit Palais

El Grand Palais, oficialmente conocido como Grand Palais des beaux-arts et des arts decoratifs, fue construido en la orilla derecha del Sena, en el mismo lugar donde se encontraba el Palacio de la Industria de la Exposición de 1855. La edificación estuvo a cargo de dos arquitectos: Henri Deglane, quien diseñó el cuerpo principal, y Albert Thomas, quien fue responsable del ala oeste o Palais d’Antin. La estructura de hierro del Grand Palais era notablemente avanzada para su época; aunque aparentaba ser muy ligera, contenía 9,000 toneladas de metal, superando en cantidad incluso a la Torre Eiffel, que empleó siete mil toneladas.

La fachada del Grand Palais presentaba un estilo ornamentado Beaux-Arts o Neo-Barroco, mientras que el interior contaba con un armazón de hierro y grandes tragaluces que permitían la entrada de luz natural. Las barandillas de las escaleras, decoradas en intrincadas formas fluidas, eran un ejemplo de la emergente estética Art Nouveau. Durante la exposición, el Grand Palais acogió la Exposition décennale des beaux-arts de 1889 à 1900, donde se exhibían pinturas de artistas franceses en el ala norte, de artistas internacionales en el ala sur y esculturas en el pabellón central, además de algunas esculturas al aire libre. El Palais d’Antin, por su parte, albergaba la Exposition centennale de l’art français de 1800 à 1889, dedicada al arte francés del siglo anterior.

Frente al Grand Palais se encontraba el Petit Palais, diseñado por Charles Girault. Al igual que el Grand Palais, el Petit Palais contaba con una fachada en estilo Beaux-Arts y Neo-Barroco, recordando al Gran Trianon y las caballerizas de Chantilly. El interior del Petit Palais ofrecía detalles de Art Nouveau, visibles en las barandillas de las escaleras curvas, en los azulejos del suelo, en las vidrieras y en los murales del techo de la arcada que rodeaba el jardín. Los murales de la entrada fueron pintados por Paul-Albert Besnard y Paul Albert Laurens. Durante la Exposición de 1900, el Petit Palais acogió la Exposition rétrospective de l’art français des origines à 1800, una muestra retrospectiva del arte francés desde sus inicios hasta el año 1800.

Palacios de la industria, decoración y agricultura

Los pabellones dedicados a las exhibiciones industriales y comerciales se ubicaban en varios grandes palacios en la explanada entre Les Invalides y el Puente Alejandro III. Uno de los más grandes y ornamentados fue el Palais des Manufactures Nationale, cuya fachada destacaba por una colorida puerta de cerámica, diseñada por el escultor Jules Coutan y el arquitecto Charles Risler, y fabricada en la fábrica de porcelana de Sèvres. Esta impresionante puerta fue trasladada tras la exposición y actualmente puede verse en el muro del Square Félix-Déésroulles, junto a la Abadía de Saint-Germain-des-Prés.

Otro de los espacios más elaborados fue el Palacio de Mobiliario y Decoración, que albergaba numerosas exposiciones del estilo Art Nouveau, que destacaban por sus formas fluidas y ornamentación naturalista. Las salas de este palacio permitieron a los asistentes explorar las innovaciones en diseño de interiores, en un entorno que combinaba funcionalidad y belleza estética.

Por su parte, el Palacio de Agricultura y Alimentación se situaba dentro de la antigua Galerie des Machines, un edificio de estructura de hierro que provenía de la Exposición de 1889. Este palacio se convirtió en una de las atracciones más populares gracias al Palacio del Champán, una sección dedicada a exhibiciones y degustaciones de champán francés, que permitió a los visitantes disfrutar de uno de los productos característicos de la gastronomía de Francia.

Pabellones nacionales

Cincuenta y seis países fueron invitados a participar en la Exposición Universal de París de 1900, de los cuales cuarenta aceptaron la invitación. Para estos, se construyó la Rue des Nations, una avenida especial a lo largo de la ribera del Sena entre la explanada de Les Invalides y el Champ de Mars, donde los países más grandes dispusieron sus pabellones nacionales. Cada país financió la construcción de su propio pabellón, los cuales fueron estructuras temporales hechas de yeso y material ligero sobre armazones de metal. Estos pabellones solían estar diseñados en un estilo arquitectónico representativo de del propio país, y muchos imitaban monumentos nacionales reconocidos.

Los pabellones se situaron a lo largo del Quai d’Orsay, en la orilla izquierda del Sena, desde el Puente de los Inválidos hasta el Puente del Alma. En la primera línea frente al río se ubicaron los pabellones de Italia, Turquía, Estados Unidos, Austria, Bosnia y Herzegovina, Hungría, Gran Bretaña, Bélgica, Noruega, Alemania, España, Mónaco, Suecia, Grecia, Serbia y México. En una segunda línea, detrás de estos, estaban los pabellones de Dinamarca, Portugal, Perú, Persia, Finlandia, Luxemburgo, Bulgaria y Rumania.

Además de sus pabellones nacionales, los países contaban con otros puntos de exposición en los distintos pabellones temáticos oficiales donde exhibían sus avances industriales, comerciales, científicos y culturales.

La calle de las Naciones

La Calle de las Naciones se situaba a lo largo de la ribera del Sena entre el Pont des Invalides y el Pont de l’Alma y fue otros de los espacios más distintivos de la Exposición Universal de París de 1900.

El pabellón de Turquía, diseñado por el arquitecto francés Adrien-René Dubuisson, destacaba por su estilo arquitectónico islámico, inspirado en mezquitas de Estambul y otras partes del Imperio Otomano. Con un espacio de exhibición de 4,000 metros cuadrados, Turquía mostró una impresionante variedad de objetos y tradiciones.

El pabellón de Estados Unidos, en contraste, fue de diseño modesto, inspirado en el Capitolio de Washington y obra de Charles Allerton Coolidge y Georges Morin-Goustiaux. La representación estadounidense se enfocó principalmente en los palacios comerciales e industriales, aunque uno de los elementos más significativos fue la Exhibición de Negros Americanos en el Palacio de Economía Social, organizada por Daniel Murray, Thomas J. Calloway y W. E. B. Du Bois. La exhibición incluía una estatua de Frederick Douglass, patentes de inventores afroamericanos y más de 500 fotografías que mostraban la vida de los afroamericanos.

Los dominios austrohúngaros en los Balcanes, Bosnia y Herzegovina, presentaron un pabellón con murales sobre la historia eslava realizados por Alphonse Mucha y exhibiciones de productos artesanales como bordados, destacando la vida rural y las tradiciones populares. Este pabellón fue diseñado por Karl Panek.

El pabellón de Hungría, diseñado por Zoltán Bálint y Lajos Jámbor, era notable por su cúpula que exhibía productos agrícolas y equipos de caza, reflejando una mezcla de cultura y naturaleza.

El pabellón real de Gran Bretaña fue una elegante mansión de estilo jacobino diseñada por Sir Edwin Lutyens, decorada con muebles y tapices elaborados por Nellie Whichelo. Este pabellón, utilizado principalmente para recepciones, mostraba un trabajo meticuloso en los textiles, algunos de los cuales requirieron semanas de trabajo de numerosas artesanas.

Alemania exhibió el pabellón más alto, con 76 metros de altura, diseñado por Johannes Radke en madera y vitrales. Aunque su arquitectura destacaba, la mayor presencia de Alemania en la exposición estaba en los pabellones comerciales, donde mostró tecnología avanzada, maquinarias y modelos de sus vapores y un faro a escala real.

El pabellón real de España, diseñado por José Urioste Velada en estilo Neo-Plateresco, albergaba una exhibición retrospectiva de arte español que incluía tapices de los siglos XV al XVIII de las Colecciones Reales. Su sótano alojaba un café-restaurante temático, La Feria, el primer restaurante del mundo con cocina completamente eléctrica.

Suecia destacó por su vibrante estructura de color amarillo y rojo, cubierta de tejas de pino y diseñada por Ferdinand Boberg, que atraía a los visitantes por sus tonalidades brillantes.

Serbia exhibió un pabellón de estilo serbo-bizantino de 550 metros cuadrados, similar a una iglesia y diseñado por Milan Kapetanović en colaboración con Milorad Ruvidić. Este pabellón albergaba productos serbios como vino, alimentos y telas, que le valieron al país un total de 186 medallas en la exposición, además de obras como La Proclamación del Código de Leyes de Dušan de Paja Jovanović y Monumento a los héroes de Kosovo de Đorđe Jovanović.

El pabellón de Finlandia, diseñado por Gesellius, Lindgren y Saarinen, destacaba por su arquitectura limpia y moderna, ofreciendo un contraste frente a los estilos más ornamentales de otros países, y marcando una aproximación arquitectónica fresca que sería precursora del siglo XX.

Naciones ubicadas en otros lugares

Además de los pabellones ubicados en la Calle de las Naciones, algunas delegaciones nacionales se establecieron en áreas cercanas, también con muestras de arquitectura y cultura propias. Rusia destacó por la presencia en la colina de Trocadéro. Su pabellón, diseñado por el arquitecto Robert Meltzer, evocaba las icónicas torres del Kremlin y mostraba una amplia colección de tesoros artísticos de regiones de Asia Central, como Samarcanda y Bujará.

China, por su parte, optó por un pabellón que recordaba un templo budista, diseñado por Louis Masson-Détourbet, y el personal vestía trajes tradicionales chinos. Sin embargo, la exhibición se vio afectada por la Tensión del Levantamiento de los Bóxers en agosto de 1900, cuando rebeldes chinos sitiaron las delegaciones internacionales en Pekín. Esta situación generó tensiones entre el público en la exposición, y una procesión china fue atacada por algunos parisinos molestos.

El pabellón de Corea, diseñado por Eugène Ferret, destacó por la participación de coleccionistas franceses de arte oriental, como Victor Collin de Plancy, junto con una selección de productos coreanos traídos directamente desde Corea. Entre las piezas más destacadas estaba el Jikji, el libro impreso más antiguo del mundo con tipos móviles de metal, que llevado a cabo por un modelo de imprenta coreana.

Finalmente, Marruecos presentó un pabellón cerca de la Torre Eiffel, diseñado por Henri-Jules Saladin.

Pabellones coloniales

En la colina del Trocadéro, la Exposición Universal de París de 1900 reservó varias hectáreas para los pabellones de las colonias y protectorados de Francia, los Países Bajos, Gran Bretaña y Portugal.

El espacio más amplio estuvo dedicado a las colonias francesas, que abarcaban vastas regiones de África, el Caribe, el Pacífico y el Sudeste Asiático. Estos pabellones destacaban por la arquitectura tradicional de cada país y sus productos locales, combinados con elementos modernos como la iluminación eléctrica, películas, dioramas y guías vestidos en trajes típicos, además de soldados y músicos de cada zona. Las islas del Caribe francés promocionaron su producción de ron, mientras que Nueva Caledonia exhibió sus exóticas maderas y sus ricos yacimientos minerales.

Entre las colonias francesas de África del Norte, el pabellón de Túnez representó una recreación en miniatura de la Mezquita de Sidi Mahrez de Túnez. A su lado, los pabellones de Argelia, Sudán, Dahomey, Guinea y otras colonias africanas francesas presentaban arquitecturas inspiradas en sus templos y mercados tradicionales, todo ambientado con guías vestidos a la usanza local.

Las colonias francesas de Indochina también tuvieron presencia, con representaciones de pagodas y palacios de Tonkín y Camboya, y un poblado ribereño de Laos, donde músicos y bailarines ilustraban la riqueza cultural de la región.

Por su parte, los Países Bajos destacaron la cultura de su colonia de las Indias Orientales Neerlandesas (hoy Indonesia). El pabellón incluía una fiel reconstrucción del Templo Sari del siglo VIII y presentaba ejemplos de arquitectura tradicional como la Rumah Gadang de Minangkabau en Sumatra Occidental.

Atracciones

Además de los palacios oficiales dedicados a la ciencia, la industria y el arte, la Exposición Universal de París de 1900 ofreció una increíble variedad de atracciones y elementos recreativos que añadieron un toque lúdico y festivo a la exposición.

Torre Eiffel

La Torre Eiffel, construida como entrada principal para la Exposición Universal de 1889, volvió a ser la atracción principal y central de la Exposición Universal de París de 1900. Para esta ocasión, la torre fue renovada con una pintura en tonos degradados, pasando de un amarillo anaranjado en la base a un amarillo claro en la cima. Además, se le añadieron 7,000 lámparas eléctricas, que la iluminaban de noche y alardeaban de los nuevos sistemas eléctricos que se empezaba a desarrollar en la época.

Para optimizar la visita de los miles de asistentes, se realizaron también modificaciones en sus sistemas de transporte de la torre. Los ascensores de las patas este y oeste fueron reemplazados por otros que llegaban hasta el segundo nivel, y el ascensor de la pata norte fue retirado y sustituido por una escalera que daba acceso al primer nivel. Las plataformas de los niveles primero y segundo también fueron rediseñadas, ampliando el espacio disponible para que los visitantes pudieran disfrutar mejor de las vistas de París y del recinto de la exposición.

Grande Roue de París

La Grande Roue de París se inspiraba en la famosa rueda de George Washington Gale Ferris Jr., presentada en la Exposición Mundial Colombina de Chicago de 1893, esta gigantesca noria alcanzaba los 110 metros de altura (360 pies). Con capacidad para 1,600 pasajeros distribuidos en sus cuarenta vagones, cada viaje ofrecía, igual que la torre Eiffel una impresionante vista panorámica de París y del recinto.

La tarifa de acceso era de un franco en un vagón de segunda clase y dos francos en uno de primera clase, más amplio y cómodo. Aunque el precio era alto para la época, la atracción resultó tan popular que los pasajeros solían esperar hasta una hora para conseguir un asiento.

La acera móvil, el tren eléctrico y el electrobús

La Rue de l’Avenir o «»Calle del Futuro»» era una cinta transportadora que se extendía a lo largo del borde de la exposición, desde la explanada de Les Invalides hasta el Champ de Mars. Este sistema de transporte permitía a los visitantes recorrer el extenso recinto sin esfuerzo, a través de nueve estaciones de acceso. Con un coste de aproximadamente cincuenta centavos, los pasajeros abordaban desde una plataforma elevada a 7 metros de altura y subían primero a una acera que avanzaba a 4,2 km/h, pudiendo luego trasladarse a una acera más rápida, que alcanzaba los 8,5 km/h. Diseñada por el arquitecto Joseph Lyman Silsbee y el ingeniero Max E. Schmidt, la acera móvil contaba con postes con asas para mayor seguridad, aunque también permitía caminar sobre ella.

Además de la acera móvil, la exposición ofrecía un tren eléctrico Decauville que seguía una ruta similar pero en sentido contrario, con una velocidad media de 17 km/h. Este tren recorría tanto vías elevadas como a nivel del suelo e incluso subterráneas, proporcionando un medio de transporte más rápido a través del vasto espacio de la exposición.

Finalmente, el evento también incluyó una línea experimental de electrobús diseñada por Louis Lombard-Gérin en el Bois de Vincennes. En funcionamiento desde el 2 de agosto hasta el 12 de noviembre de 1900, esta línea conectaba la estación de metro recién inaugurada en Porte de Vincennes con el Lac Daumesnil en un circuito de 2,5 km. Este servicio de electrobús y fue uno de los primeros trolebuses de pasajeros en servicio regular de la historia.

El Globo Céleste

El Globo Céleste era un planetario de forma esférica, diseñado por Napoléon de Tédesco, medía 45 metros de diámetro y mostraba en su exterior azul y dorado las constelaciones y los signos del zodiaco. Elevado sobre una base de mampostería de 18 metros de altura sostenida por cuatro columnas, el globo estaba rodeado por un jardín de flores, lo que lo convertía en un punto de atracción tanto de día como de noche.

En su interior, los espectadores podían disfrutar del cielo nocturno mientras estaban cómodamente sentados en sillones. Sin embargo, el Globo Céleste fue también escenario de un trágico accidente. El 29 de abril de 1900, una de las rampas de acceso, construida apresuradamente con hormigón armado, un material novedoso en ese momento, colapsó y cayó a la calle, causando la muerte de nueve personas. A raíz de este suceso, el gobierno francés implementó las primeras regulaciones para el uso del hormigón armado.

Películas en movimiento

La Exposición Universal de París de 1900 destacó por introducir al público fascinantes innovaciones en el mundo de las películas en movimiento. Los hermanos Lumière, pioneros en el cine desde sus primeras proyecciones en 1895, presentaron sus películas en una pantalla monumental de 21 metros de ancho y 16 metros de alto en la Galería de las Máquinas.

Además, en el Teatro Phono-Cinema se mostró uno de los primeros intentos de cine sonoro, donde la imagen en la pantalla se sincronizaba con el sonido emitido desde fonógrafos, creando una experiencia de «»cine hablado»». Este experimento ofreció a los asistentes la novedad de escuchar y ver imágenes en movimiento a la vez.

La exposición también albergó experimentos como el Cinéorama de Raoul Grimoin Sanson, que simulaba un viaje en globo aerostático. En este espectáculo, el paisaje se proyectaba en una pantalla circular de 93 metros de circunferencia mediante diez proyectores sincronizados, envolviendo a los espectadores en una vista panorámica mientras se sentaban en un entorno que imitaba la canasta de un globo aerostático, logrando una experiencia inmersiva.

Otro espectáculo popular fue el Mareorama, que simulaba un viaje en barco desde Villefranche hasta Constantinopla. Los visitantes observaban desde una barandilla que simulaba la cubierta de un barco mientras pasaban imágenes pintadas de ciudades y paisajes marinos, acompañados por efectos mecánicos que balanceaban la cubierta y ventiladores que recreaban el viento, potenciando la sensación de que se estaba navegando.

Además de las innovaciones en cine, la exposición incluyó recreaciones de escenarios históricos y culturales. Le Vieux Paris recreaba las calles de la antigua París, desde la Edad Media hasta el siglo XVIII, con edificios históricos, actores y músicos que llevaban trajes de época, llenando el ambiente de un aire nostálgico. También se representaron regiones de Francia como Provence, Bretaña y Auvergne, empleando sus nombres provinciales previos a la Revolución y representando las características arquitectónicas y culturales de cada lugar.

Otras recreaciones destacadas incluyeron la Aldea Suiza, una réplica de un pueblo suizo con una cascada de 35 metros de altura, un lago y varias viviendas unifamiliares tradicionales. Por otro lado, el Panorama del Tour del Mundo, los visitantes experimentaban una «»vuelta al mundo»» a través de animados panoramas de Europa, Asia y América, que incluían representaciones de Atenas, Estambul, Camboya y Japón, entre otros. Esta exposición fue financiada por la Compagnie des Messageries Maritimes y resultó ser especialmente llamativa en una época en la que los grandes viajes no era algo tan extendido.

Finalmente, esta parte de la exposición también ofrecía mercados temáticos y recreaciones de ciudades como bazares de Argelia, Túnez y Laos, un canal veneciano con góndolas, un pueblo ruso y una casa de té japonesa.

Recreaciones mundiales en vivo

La Exposición Universal de París de 1900 también ofreció a sus visitantes experiencias culturales vivas, siendo una de las más populares L’Andalousie au temps des Maures (traducido como Andalucía en la Época de los Moros). Esta atracción, de 5,000 m² ubicada en el Quai Debilly en la orilla derecha del Sena, en el extremo oeste del Trocadéro, fue una impresionante representación al aire libre de la arquitectura y el folklore andaluz inspirados en la influencia morisca en España.

L’Andalousie au temps des Maures consistía en reproducciones a gran escala de monumentos icónicos de la época andalusí, incluyendo la Alhambra, la Mezquita de Córdoba, la arquitectura medival de Toledo y el Alcázar de Sevilla. Uno de los elementos más impresionantes era la réplica de la Giralda de Sevilla, que alcanzaba los 80 metros de. Esta recreación incluía, además de la arquitectura, representaciones de música y danza tradicional española que sumergían a los visitantes en el folclore y la vida cultural de Andalucía.

A pesar de su apariencia auténtica, esta atracción fue una producción completamente francesa, sin relación con el pabellón oficial de España en la exposición. Aun así, logró atraer a una multitud ansiosa por experimentar el espíritu andaluz.

Teatros y salas de música

La Exposición Universal de París de 1900 tuvo una amplia oferta de teatros y salas de música. Entre estos espacios destacaba el Palais des Fêtes, el teatro más grande de la exposición, con capacidad para quince mil espectadores. Aquí se presentaron programas de música clásica, ballet, recreaciones históricas y espectáculos variados, todos diseñados para sorprender y generar interés en el público de la época.

Otro área importante de entretenimiento fue la Rue de Paris, una vía de la exposición repleta de locales de música y teatro. En esta calle los visitantes podían disfrutar de salas de música, un teatro de comedia, marionetas, jazz americano, y un teatro del Grand Guignol especializado en representaciones de terror. Una de las atracciones más comentadas fue la peculiar Backwards House, donde los muebles estaban en el techo y los candelabros en el suelo, creando una ilusión de mundo al revés.

Además de estas áreas, la exposición contó con entretenimientos exóticos como una orquesta de Madagascar, un Teatro de Comedia y el Teatro Columbia en Port Maillot, que ofrecía una amplia variedad de actos, desde panoramas de la vida en Oriente hasta ballets acuáticos. Estos espectáculos tenían un coste elevado para los visitantes: una entrada al Teatro de Comedia podía llegar a costar hasta cinco francos.

Eventos

Durante la Exposición Universal de París de 1900 se llevaron a cabo numerosos congresos internacionales y eventos de gran relevancia y uno de los espacios más frecuentado fue el Bois de Vincennes, un área reservada para eventos deportivos. En este lugar se celebraron varios eventos de los Juegos Olímpicos de Verano de 1900 y, además de los eventos deportivos, se celebró un torneo de ajedrez que convocó a jugadores destacados de la época.

Juegos Olímpicos de Verano de 1900

Los Juegos Olímpicos de Verano de 1900, fueron la segunda edición de los Juegos Olímpicos modernos y la primera en celebrarse fuera de Grecia. Estos juegos, realizados entre el 14 de mayo y el 28 de octubre de 1900, incluyeron una vasta variedad de competiciones deportivas, aunque el término «»Olímpico»» se utilizó poco. En su lugar, en el reporte oficial de la exposición, los eventos fueron denominados como el «»Concours internationaux d’exercices physiques et de sport»» (en español, «»Concurso internacional de ejercicios físicos y de deporte»»). La prensa, por su parte, empleó términos diversos para describir las competiciones, como «»Campeonatos Internacionales»», «»Juegos Internacionales»», «»Campeonatos de París»», «»Campeonatos Mundiales»» y «»Gran Premio de la Exposición de París»», lo cual añadió confusión a la interpretación oficial de los eventos.

Según el Comité Olímpico Internacional (COI), 997 atletas participaron en 19 disciplinas diferentes, con mujeres compitiendo por primera vez en la historia de los Juegos. Algunos eventos celebrados en esta edición, como carreras de automóviles y motocicletas, competencias de globos aerostáticos, críquet, croquet, natación con obstáculos y una prueba de natación subacuática, solo se realizaron en estos Juegos. Francia, con el 72 % de los atletas participantes (720 de 997), obtuvo la mayor cantidad de medallas de oro, plata y bronce, mientras que Estados Unidos se posicionó en segundo lugar en el medallero, con 75 atletas.

Entre las competiciones más peculiares destacan anectodas como una carrera de palomas que fue ganada por un ave que voló desde París hasta Lyon en cuatro horas y media. En la competencia de globos, el equipo vencedor recorrió 1,925 kilómetros desde París hasta Rusia en un trayecto que duró 35 horas y 45 minutos.

Banquete de los mayordomos

Otro evento notable de la Exposición Universal de 1900 fue el enorme banquete organizado por el presidente francés, Émile Loubet, el 22 de septiembre en los Jardines de las Tullerías. Este evento reunió a 20,777 alcaldes de toda Francia, Argelia y las colonias francesas. La cena, llevada a cabo en dos carpas de grandes dimensiones, fue un reto logístico se resolvió con once cocinas que permitieron servir 606 mesas, cada una de ellas supervisada mediante teléfonos y vehículos para coordinar de manera precisa las órdenes y requerimientos de cada grupo de invitados.

Ceremonia de entrega de medallas y premios

A la ceremonia de entrega de premios asistieron 11,500 personas y en total se otorgaron 3,156 grandes premios, 8,889 medallas de oro, 13,300 de plata, 12,108 de bronce y 8,422 menciones honoríficas. Muchas empresas galardonadas, como Campbell’s Soup y Michigan Stove Company, aprovecharon el prestigio de estos reconocimientos, para incorporarlos en la publicidad y etiquetado de sus productos.

Tarifas y precio de admisión

El coste de entrada a la Exposición Universal de París de 1900 fue de un franco, una suma significativa si se considera que el salario promedio por hora de un trabajador parisino rondaba entre cuarenta y cincuenta céntimos. A esto se añadían tarifas adicionales para las atracciones más populares, que solían costar entre cincuenta céntimos y un franco. Una comida sencilla en la exposición costaba aproximadamente 2.50 francos, el equivalente a medio día de trabajo para muchos.

El presupuesto inicial de la exposición fue de cien millones de francos, con veinte millones aportados por el Estado francés, veinte millones por la Ciudad de París y los sesenta millones restantes obtenidos a través de bancos y otras instituciones financieras, con la expectativa de recuperar los costes mediante las entradas. Sin embargo, el coste final ascendió a 147 millones de francos, y aunque las entradas generaron 126 millones, el déficit alcanzó los 21 millones de francos, incluyendo gastos adicionales asumidos por el Estado y la ciudad.

A pesar de las pérdidas, la exposición dejó importantes aportaciones a la infraestructura de la ciudad: edificios como el Grand y Petit Palais, puentes icónicos como el Pont Alexandre III y la Passerelle Debilly, y mejoras en el transporte, incluyendo la línea 1 del Metro de París y estaciones como la Gare d’Orsay y la Gare des Invalides. No obstante, con un coste por visitante que superó el precio de la entrada en alrededor de seiscientos francos, la exposición resultó financieramente insostenible. Además, muchas de las instituciones que participaron tuvieron dificultades para cubrir los costes de alquiler de los puestos que ofrecían debido a una menor afluencia de visitantes de la esperada. Tras una huelga, se les otorgó una devolución parcial de su renta como medida de compensación.

El Art Nouveau en la exposición

El estilo Art Nouveau, surgido en Bélgica y Francia en los años 1880, alcanzó gran popularidad en Europa y Estados Unidos en la década de 1890. Este estilo decorativo, inspirado en formas naturales como las curvas de plantas y flores, tuvo una presencia en la Exposición de París, aunque el diseño arquitectónico de la exposición siguió mayormente los estilos Belle Époque y Beaux-Arts, y el eclecticismo de estilos nacionales. El Art Nouveau decoró interiores y elementos de muchas estructuras de gran protagonismo, como la puerta monumental de la exposición, el Grand Palais, el Petit Palais y el portal del Palacio de Industrias Nacionales.

El estilo Art Nouveau también se reflejó en los carteles de la exposición. Alfons Mucha, el diseñador de carteles más famoso del movimiento, diseñó las piezas oficiales de Austria, que incluían murales sobre la historia de Bosnia y menús para el restaurante del pabellón bosnio. Su arte decoró displays de joyas para Georges Fouquet y de perfumes para Houbigant, y sus trabajos más serios, como las ilustraciones para Le Pater, se exhibieron tanto en el pabellón austríaco como en el Grand Palais, con algunas obras ahora visibles en el Petit Palais.

Uno de los íconos más duraderos de este estilo en la exposición fue la entrada de las estaciones del Metro de París, diseñadas por Hector Guimard. También apareció en la decoración de restaurantes populares, como el Pavillon Bleu en la exposición, Maxim’s y Le Train Bleu en la Gare de Lyon.

La exposición no solo mostró el Art Nouveau francés, sino que también presentó sus variaciones internacionales, como el mobiliario del arquitecto y diseñador belga Victor Horta, el Jugendstil alemán de Bruno Möhring y la Secesión Vienesa de Otto Wagner, lo que ayudó a difundir este estilo a nivel mundial.

Legado

Aunque la mayoría de los palacios y edificios construidos para la Exposición Universal de 1900 fueron demolidos tras su cierre, algunas estructuras más emblemáticas sobrevivieron y se convirtieron en parte de París. La construcción de estos edificios fue predominantemente en madera y materiales temporales, moldeados para crear columnas, estatuas y paredes ornamentadas. Sin embargo, el Grand Palais y el Petit Palais se conservaron, así como los dos grandes puentes, el Pont Alexandre III y la Passerelle Debilly, aunque esta última se reubicó unos metros después de la exposición.

La compañía del metro de París instaló entre 1900 y 1913 un total de 141 entradas de estaciones de estilo Art Nouveau, diseñadas por Hector Guimard. En 1978, las 86 entradas que sobrevivían fueron declaradas monumentos históricos. Dos de las entradas con marquesina originales permanecen: una en Porte Dauphine en su ubicación original, y otra en Abbesses (trasladada desde Hôtel de Ville en 1974). Una tercera marquesina en Châtelet es una recreación de 2000.

Otros elementos significativos de la exposición también encontraron su lugar en París y en espacios próximos a la ciudad. El portal monumental del Palacio de Manufacturas Nacionales, realizado por la Manufactura de Sèvres, fue trasladado al Square Félix-Desruelles, cerca de la Abadía de Saint-Germain-des-Prés. Asimismo, una réplica de la Estatua de la Libertad de Frédéric Auguste Bartholdi, expuesta en la exposición, fue ubicada en el Jardín de Luxemburgo en 1905 a solicitud de la viuda del escultor.

En Bruselas, el rey Leopoldo II de Bélgica, inspirado por el Panorama du Tour du Monde de la exposición, encargó al arquitecto Alexandre Marcel que recreara allí una torre japonesa y un pabellón chino. Así, Marcel reconstruyó la pagoda japonesa, conocida ahora como la Torre Japonesa, y trasladó el pabellón de entrada original de París. También construyó el Pabellón Chino, con paneles de madera tallados en Shanghái, ambos actualmente parte de los Museos del Lejano Oriente.

Uno de los vestigios más peculiares es La Ruche, en el Passage de Dantzig del distrito 15 de París. Este edificio de tres pisos fue construido con fragmentos de estructuras de la exposición adquiridos por el escultor Alfred Boucher. El techo de hierro, obra de Gustave Eiffel, cubría originalmente el quiosco de los Vinos de Médoc, y las estatuas de mujeres frente a la entrada provenían del pabellón de Indochina. La Ruche se convirtió en un refugio para artistas como Marc Chagall, Henri Matisse y Amedeo Modigliani, entre otros. Amenazado de demolición en los años 60, fue salvado por el ministro de cultura André Malraux y hoy es considerado un monumento histórico.

Crítica

La Exposición Universal de París de 1900 no estuvo exenta de críticas, con opiniones diversas sobre la estética de varias de sus instalaciones. La monumental puerta de entrada fue uno de los elementos más controvertidos, recibiendo críticas que iban desde la indiferencia hasta el rechazo expreso. Algunos críticos compararon la estructura con una estufa de barriga abultada, describiéndola como carente de gusto y, en ciertos casos, como el diseño más feo de toda la exposición. Con el tiempo, la puerta recibió el sobrenombre de La Salamandra, debido a su parecido con las estufas salamandra de la época, voluminosas y detalladamente decoradas, lo que solo aumentó el tono burlesco hacia la estructura.

Otro foco de críticas fue La Parisienne, una escultura de Moreau-Vauthier que representaba a una mujer con una túnica fluida y una figura modernizada. Esta obra provocó polémica al ser calificada como “el triunfo de la prostitución”, generando descontento entre muchos visitantes debido a su enfoque moderno y atrevido.

Además de estas y otras críticas estéticas, los sobrecostes de la exposición y las generosas expectativas de los ingresos que iba a producir la exposición produjeron perdidas para la ciudad de París y el estado francés.

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