Casa Milà
Thomas Ledl, CC BY-SA 4.0
Casa Milà
Thomas Ledl, CC BY-SA 4.0

Casa Milà

Obra

La Casa Milá, conocida popularmente como La Pedrera, es el último encargo privado del arquitecto Antoni Gaudí. El edificio modernista se encuentra situado en el número 92 del paseo de Gracia, el distrito del Ensanche de Barcelona. Es uno de los lugares más visitados de Barcelona y uno de los monumentos más visitados de España.

Historia

Este extraordinario edificio nació de un encargo realizado por Roser Segimon, viuda acaudalada que heredó una gran fortuna de su primer esposo, acumulada en las Américas, y su segundo marido, Pere Milá, prominente hombre de negocios barcelonés. Con el deseo de construir una casa impresionante en el prestigioso Passeig de Gràcia, contrataron a Gaudí, el arquitecto más renombrado y caro de la época.

El proceso de construcción se extendió desde 1906 hasta 1912, resultando en una obra monumental que se distingue por su apariencia rocosa, lo que le valió el apodo de «La Pedrera». La Casa Milá está compuesta por dos fincas unificadas por una fachada común, aunque cada una cuenta con su propio patio central. En su día, la vivienda de los propietarios cubría la totalidad de ambas superficies.

El edificio, que cubre un área de 1.120 metros cuadrados, fue innovador en su diseño y construcción, presentando una serie de características únicas. Las fachadas de la casa se ondulan como las olas del mar, una característica que refleja la propensión de Gaudí por las formas naturales y la geometría reglada, no pasaron desapercibidas.

A lo largo de la construcción, surgieron una serie de disputas con las autoridades municipales. En un caso, Gaudí sobrepasó la altura máxima permitida, y en otro, la fachada del edificio invadía la acera. A pesar de estas tensiones, Gaudí prevaleció en ambas situaciones y el edificio se construyó tal como se había planificado.

Un incidente significativo en la construcción ocurrió durante la «Semana Trágica» de 1909, cuando estallaron disturbios antirreligiosos en Barcelona. Gaudí había planeado incorporar una serie de dedicaciones a la Virgen María en la fachada del edificio, pero debido a las tensiones religiosas, los propietarios consideraron inapropiado hacerlo. Este hecho generó tensiones en la relación entre Gaudí y los Milá.

Al final de la construcción, la factura presentada por Gaudí superó lo presupuestado, lo que llevó a los Milá a negarse a pagar. Este conflicto se llevó a los tribunales, donde Gaudí resultó victorioso. Sin embargo, en lugar de quedarse con el dinero, lo donó a un convento. A raíz de este incidente, Gaudí decidió no aceptar más encargos privados y se dedicó en exclusiva a su iglesia inacabada.

En 1986, la Casa Milá fue adquirida por la entidad financiera Caixa Catalunya, que tras restaurarla, estableció un espacio de exposiciones temporales y otro permanente: el Espai Gaudí. Hoy en día, «La Pedrera» sigue siendo un símbolo querido de Barcelona, tanto por su apodo popular como por su reconocimiento formal.

Descripción

Este edificio multifuncional, dotado de una estructura liberada de muros de carga gracias a los pilares de piedra, ladrillo macizo y vigas metálicas, presenta grandes aperturas que favorecen la entrada de aire y luz, permitiendo incluso el derribo de cualquier tabique sin comprometer su estabilidad estructural.

Los nueve niveles de la Casa Milá se destinan a diversos usos, desde un garaje subterráneo (el primero de Barcelona) hasta establecimientos comerciales, despachos, residencias y una lavandería ubicada en los desvanes. Este último nivel, con sus arcos parabólicos de ladrillo, da lugar a una azotea en la que se destacan chimeneas, ventiladores y salidas de escalera de volúmenes casi escultóricos.

Ubicada en la confluencia del Passeig de Gràcia y la Calle de Provenza, la Casa Milá presenta varias entradas, una innovación necesaria debido a su función como edificio de viviendas. Gaudí le otorgó a esta obra un carácter de casa independiente, eliminando el ángulo en segundo plano para crear un edificio de apariencia redondeada que parece girar en torno a las dos calles. Dos grandes patios interiores circulares (que reemplazan a los tradicionales patios rectilíneos) parecen absorber mágicamente la luz y el aire, contribuyendo a una iluminación óptima, incluso en el ático.

Sin centrarse exclusivamente en la ornamentación, Gaudí demostró con la Casa Milá que la innovación puede tener propósitos prácticos, estableciendo precedentes que influirían en la arquitectura barcelonesa. Este edificio es una síntesis de los elementos de la etapa final de la carrera de Gaudí y destaca la resistencia del arquitecto a enfrentarse a las autoridades municipales, resaltando así su inquebrantable compromiso con la innovación arquitectónica.

Fachada

La fachada de la Casa Milá puede ser mejor descrita como una escultura monumental que como una simple pared exterior de un edificio. Las formas sinuosas son la firma inconfundible de Gaudí, que en este proyecto alcanza su máxima expresión. Lo que parece ser una sola forma continua y orgánica es en realidad el producto de una intrincada red de pilares de piedra y ladrillo que soporta la fachada desde el primer piso hacia arriba, una técnica constructiva similar a la utilizada en los primeros rascacielos estadounidenses.

La fachada de La Pedrera, revestida de diversos tipos de piedra caliza, se libera de la tradicional función de muro de carga para convertirse en un muro cortina. Esto permite la apertura de grandes ventanales, posibilitando una fluidez inigualable entre el interior y el exterior del edificio. Los diferentes niveles de la edificación presentan una diversidad de formas, ninguna de ellas idéntica a la otra, con habitaciones de diferentes alturas reflejando la forma ondulante de la fachada.

Gaudí evitó las líneas rectas y ángulos rectos tanto en el exterior como en el interior, convirtiendo a La Pedrera en un edificio sin un solo ángulo recto. Este enfoque se extendió incluso a los muebles, especialmente diseñados para complementar las formas curvas de las habitaciones. Esta falta de rectitud se manifiesta de manera muy evidente en las columnas estructurales que sostienen paredes y techos, adquiriendo la apariencia de árboles y fusionando así el interior con los elementos naturales del exterior.

La originalidad de Gaudí se evidencia incluso en los elementos no realizados, como una estatua de la Virgen María que fue rechazada por el propietario del edificio, pero que dio lugar a la inclusión de una escultura de una rosa mística debajo de la letra M de María, ubicada de manera prominente en la parte superior de la fachada.

Por último, el techo de la Casa Milá, con su colección de chimeneas, ventiladores y salidas de escaleras, constituye uno de los aspectos más llamativos de la construcción. A lo largo de una restauración que duró diez años, este espacio se ha abierto al público, permitiendo que todos puedan apreciar la creatividad y la audacia de Gaudí.

Interior

Dentro de la Casa Milà la luz natural invade los espacios gracias a los dos patios interiores. Estos patios permiten que la luz penetre en las áreas internas de todos los niveles del edificio, favoreciendo no solo la iluminación sino también la ventilación de los espacios.

La disposición de las estancias siguió un esquema funcional. El sótano, en una visión anticipada de la vida moderna, albergaba el primer garaje residencial de la época, equipado con una estructura de hierro similar a una rueda de bicicleta que optimizaba el espacio de maniobra. En el primer piso, la familia Milà disfrutaba de habitaciones lujosamente decoradas, mientras que los pisos restantes se reservaban para alquilar, a pesar de tener un área similar.

Los pisos se organizan de forma tal que todos ellos se benefician de la orientación sur de la fachada principal. Amplios y luminosos pasillos que se extienden alrededor de los patios interiores permiten la circulación interna, con ascensores que proporcionan acceso directo a la entrada de los pisos de cada planta.

En el ático, Gaudí implementó arcos catenarios de ladrillo en diversas formas y tamaños, no solo para soportar la estructura del techo sino también para proporcionar un aislamiento efectivo para los pisos inferiores. Estos arcos también crearon un flujo de aire circulante para esta área, que originalmente se utilizaba como lavadero comunitario y área de secado de ropa. Ahora, este espacio alberga la Exposición Gaudí, una revisión de la vida y obra del arquitecto, con maquetas, planos, objetos y diseños, fotografías y videos.

La decoración interna de la Casa Milà también es notable. Decorada por Josep Maria Jujol y varios pintores, la casa se adorna con detalles ornamentales inspirados en el mar. Sin embargo, este detalle de la decoración pictórica fue otro punto de desacuerdo entre Gaudí y los propietarios, lo que llevó a Gaudí a abandonar el proyecto, que fue finalizado por sus ayudantes.

Patios

Gaudí incorporó en la Pedrera dos patios principales de formas distintivas, uno elíptico y otro circular, que jugaban un papel doble en el diseño. No solo cumplían las funciones propias de un patio, sino que también añadían una dimensión estética a la construcción.

El patio elíptico, accesible desde la calle de Provenza, alberga una peculiar escalera-puente que conecta las viviendas de la familia Milá. Esta escalera, que atraviesa el patio en su centro, representó una solución eficiente para maximizar el espacio dentro del edificio.

El segundo patio, de forma circular, es accesible desde el paseo de Gracia y también proporciona acceso a las cocheras a través de una rampa. Esta disposición refleja la capacidad de Gaudí para integrar funcionalidad y diseño en sus obras.

Estos patios no son simples espacios abiertos dentro del edificio; su importancia es comparable a la de la fachada principal. Siguiendo la estética del exterior, los patios cuentan con grandes ventanales y elementos decorativos en rejas y paredes interiores. Al observar los patios desde diferentes ángulos, ya sea mirando hacia arriba desde la base o hacia abajo desde la azotea, se puede apreciar la visión global de Gaudí para la arquitectura.

Gaudí demostró una vez más su capacidad para reinventar y enriquecer la tipología de los edificios, logrando iluminar y ventilar eficazmente los dieciséis apartamentos del edificio.

Azotea

Además de su papel como cierre del edificio, la cubierta de la Casa Milà aloja una serie de elementos funcionales resueltos con una estética muy cuidada: las cajas de escalera, las torres de ventilación y las chimeneas.

La terraza alberga una diversidad de 30 chimeneas, dos torres de ventilación y seis salidas de escaleras, todas ellas estilísticamente distintas pero unificadas en su función y en su estética. Las salidas de las escaleras, que emergen desde el desván, se transforman en torres cónicas en la azotea, algunas con un cuerpo helicoidal, culminando todas con la característica cruz de cuatro brazos de Gaudí.

Las dos torres de ventilación, situadas en la fachada posterior, sirven como puntos de salida para los conductos de ventilación que se originan en el sótano. Cada torre presenta un diseño único, y se les ha reconocido como precursores de la escultura abstracta del siglo XX.

Sin embargo, son las chimeneas las que han capturado la imaginación de muchos. Dispersas por la terraza, estas estructuras helicoidales están en su mayoría rematadas con pequeñas cúpulas que recuerdan cascos de guerreros, evocando imágenes de un paisaje fantástico. Otras chimeneas toman formas diferentes, incluyendo algunas que se asemejan a copas de árboles creadas con fragmentos de botellas de cava de color verde. Estas formas han tenido una influencia notable en la cultura popular, habiendo inspirado incluso el diseño de los cascos de los soldados imperiales en la famosa saga de Star Wars.

Críticas y controversias

La Casa Milà ha sido objeto de múltiples críticas y controversias desde su concepción. Provocó multitud de reacciones, no todas positivas.
Su diseño vanguardista fue a menudo malentendido y objeto de mofa. Fue bautizada despectivamente como «La Pedrera», en referencia a su apariencia de cantera, por aquellos ciudadanos que desaprobaban su estética no convencional.

Las críticas se propagaron a través de diversos medios, incluyendo revistas satíricas que comparaban la estructura con una «mona de Pascua», insinuaban que había sufrido un terremoto o incluso la asociaban con una defensa contra la guerra de Marruecos.

Un chiste popular se refería a la dificultad de colgar adornos en los balcones de hierro forjado de la Casa Milá, y se dice que el político francés Georges Clemenceau se vio tan afectado por la visión de la construcción que huyó sin dar su discurso.

Sin embargo, las críticas y las burlas parecían pasar por alto los aspectos prácticos y visionarios del diseño de Gaudí. A pesar de las controversias, la Casa Milá también ejercía una cierta fascinación en sus contemporáneos. Como ejemplo, la incorporación de un garaje subterráneo en el sótano de la casa era una respuesta práctica y prometedora a los desafíos de la época.

Con el tiempo, la Casa Milá encontró sus defensores. El surrealista Salvador Dalí fue uno de los primeros en reconocer su valor en un artículo de 1933 titulado «De la beauté terrifiante et comestible de l’architecture modern style». Posteriormente, fue aplaudida por destacadas figuras de la arquitectura y el diseño como Le Corbusier , Nikolaus Pevsner, George Collins, Roberto Pane o Alexandre Cirici, quienes llegaron a ver más allá de los detalles exteriores y reconocieron el verdadero valor de esta joya arquitectónica.

La Pedrera

Arquitecto:
Antoni Gaudí

Ubicación:
Barcelona, España

Promotor:
Pere Milà i Camps

Año:
1906-1912

Superficie:
1,835 m2

Estilo:
Modernismo

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Imágenes

Planos

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Bibliografía

Zerbst, R. (1993). Gaudí, 1852-1926 : Antoni Gaudí i Cornet, une vie en architecture. Benedkt Taschen. Cirlot, J., Funes, A. G., & Liz, J. (2016). Gaudí: obra completa. Avery, D. (2003). Antoni gaudí. London, England: Chaucer Press.

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