Museo Guggenheim de BilbaoMuseo Guggenheim de Bilbao

Museo Guggenheim de Bilbao

Obra

El museo Guggenheim de Bilbao es una de las obras más destacadas de Frank Gehry. Con el paso del tiempo se ha convertido en uno de los edificios más imitados del mundo, llevó a Frank Gehry a ser unos de los arquitectos más influyentes de la década de 1990 y el impacto del edificio en la ciudad fue tal que le hizo ganarse el apodo de “efecto Bilbao”.

Contexto

En 1991 el Gobierno Vasco se enfrentaba a un problema crítico. La industria naval y el sector metalúrgico daban señales de agotamiento y la ciudad sufría el riesgo de convertirse en un lugar contaminado y obsoleto. Alejándose de la solución más evidente, en lugar de apostar por el modelo de producción que les había llevado hasta allí, se trató de orientar la ciudad hacia los servicios con un nuevo enfoque cultural. La riqueza que había generado este modelo durante años se puso al servicio, antes de que fuera demasiado tarde, de esta enorme inversión.
Por aquel momento, la Fundación Guggenheim buscaba extender su alcance fuera de Nueva York. La fundación artística fue creada por Solomon R. Guggenheim en 1937 y buscaba la promoción del arte moderno. Tras varios intentos fallidos en Europa y en América, Thomas Krens, Director de los Museos Guggenheim, encontró lo que buscaba en España.
Bilbao hacia 1988 había unido a sus dirigentes políticos en la lucha contra el terrorismo y el vínculo entre la ciudad y sus representantes era especialmente fuerte. En Bilbao la Fundación Guggenheim encontró lo que había estado buscando en otras ciudades como Barcelona, Santander y Sevilla: un consenso político fuerte, una ciudad rica y el protagonismo que les podía proporcionar una ciudad con necesidad de cambio.
La sociedad Bilbao Ría 2000 fue la gran iniciativa de la administración que se encargaría de orquestar el plan para la recuperación y transformación de las zonas degradadas del área metropolitana de Bilbao, haciendo especial énfasis en los espacios industriales en desuso.
El museo Guggenheim era la guinda del pastel de una actuación que contemplaba varias infraestructuras de autor más como el Aeropuerto Internacional de Bilbao de Santiago Calatrava, el metro de Norman Foster.

La Fundación Guggenheim tenía experiencia previa con Frank Gehry y era consciente de lo idóneo que podría resultar el arquitecto para el diseño del museo. Thomas Krens, dirigió la política de expansión de la fundación y se encargó de organizar los fondos itinerantes de las explosiones temporales a nivel internacional. Durante esta época la colaboración entre el arquitecto y la fundación fue notable.

Se organizó un concurso para la elección del arquitecto definitivo lo cual, en parte, era necesario por motivos legales. La idea original consistía en rehabilitar un edificio en lugar de la construcción de uno nuevo. El concurso se produjo en 1990, tuvo una duración fue de 10 días y se presentaron arquitectos mundialmente conocidos como Isaozaki, el grupo Coop Himmelb(l)au y Gehry.

El efecto Guggenheim

La transformación de Bilbao puso el principal foco en sus ciudadanos y las mejoras en el trasporte, la creación de zonas verdes y la coordinación con la inversión privada pronto se hizo eco en los medios de comunicación. La revitalización de los espacios públicos y el impulso económico de la ciudad hizo que se bautizara este fenómeno como “efecto Guggenheim” o como señaló el Wall Street Journal, el «efecto Bilbao”.
El coste del edificio fue de 132 millones y terminó siendo muy inferior al rendimiento publicitario que obtuvo Bilbao que, en 1997 poco después de la inauguración del museo Guggenheim, ya atraía una media de un millón de visitantes anuales. La intervención convirtió el basto terreno industrial en ruinas del sur de la ría de Bilbao en un reclamo internacional.
El efecto sostuvo su éxito en el tiempo gracias a sus profundos cabios en la ciudad y su estrategia a largo plazo. Resultó ser difícilmente replicable para aquellas ciudades que trataban de atraer turistas a golpe de talonario y dejaban de lado la mejora urbana.
En 2013 se estimaba que el museo había generado casi 40 veces su coste, recuperando la ciudad su inversión a los 3 años de finalizar la construcción. Bilbao ha atraído inversión extranjera, impulsado el empleo y se ha convertido en un destino turístico de referencia.

Descripción

El Museo Guggenheim de Bilbao está situado en la ribera sur del río Nervión. Estratégicamente localizado, el museo es el nexo entre los distritos empresariales e históricos de la ciudad, constituyendo junto al Museo de Bellas Artes, la Universidad y el Antiguo Ayuntamiento, un triángulo cultural de vital importancia.
La cercanía del Puente de la Salve otorga al museo un papel destacado como puerta de entrada a la ciudad. A través de una pequeña plaza flanqueada por Puppy, una enorme escultura de un perro, se accede a la entrada principal del museo. El edificio organiza su superficie en tres plantas alcanzado los 24.000 metros cuadrados, con 9.000 metros cuadrados destinados a exhibición de arte.

Concepto

El Guggenheim Bilbao destaca en el paisaje como una monumental escultura, una forma de vida varada en la ribera del río Nervión de formas curvas. Este exitoso edificio se asemeja a un pez gigante, cuyas escamas brillantes reflejan la luz, variando su tonalidad según la hora del día.
Gehry demostró una particular sensibilidad hacia el entorno donde se ubica el museo, lo que hizo destacar su propuesta sobre la de otros participantes del concurso. Optó por unir el proyecto próximo a un meandro del río, en un antiguo terreno industrial, otorgando al edificio una fuerte presencia visual y poniendo en valor otros puntos de interés de la ciudad, como el Museo de Bellas Artes y la Universidad de Deusto.
El diseño del Guggenheim se basó en cinco principios clave que Gehry y su equipo tuvieron en mente desde el inicio del concurso. En primer lugar, pusieron especial interés en integrar el puente de La Salve con el edificio. Sabían que para lograrlo debían hacer que el edificio continuara por debajo de él. En segundo lugar, debían resolver la conexión vertical entre la ciudad y el paseo marítimo. En tercer lugar, se propusieron crear un vínculo entre el edificio y la ciudad a través de un espacio de reunión próximo a la entrada del edificio. En cuarto lugar, su edificio debía ser visible y extender su influencia desde el otro lado del rio. Por último, en quito lugar, el edificio debía convertirse en un icono, su estética debía ser menormente escultórica. El material predilecto sería el metal, una referencia directa a la industria naval siderúrgica.
El edificio se dividió en volúmenes unidos de forma azarosa, generando un museo con alzados cambiantes y con un dinamismo único. El titanio se acompaño de piedra caliza española, logrando un equilibrio entre la durabilidad del titanio y la solidez de la piedra.

Interior

El interior del Museo Guggenheim Bilbao presenta una gran variedad de galerías, que albergan desde instalaciones contemporáneas hasta obras maestras clásicas. Se aprecia una deliberada divergencia entre los espacios expositivos convencionales y rectangulares, pensados para la presentación de pintura y escultura tradicionales, y las salas más desafiantes y dinámicas, destinadas a fomentar la creatividad de los artistas contemporáneos.
El museo está configurado en tres niveles, cada uno albergando salas de exposiciones de tamaños variados. Para moverse a través de estas plantas, el visitante puede utilizar una serie de pasarelas curvilíneas, ascensores de cristal y torres de escaleras.
El corazón del museo es el atrio, un espacio diáfano y curvado que se eleva a una impresionante altura de 55 metros. Este espacio, bañado en luz natural gracias a un lucernario cenital, conecta el interior y el exterior del edificio a través de grandes muros de vidrio. Alrededor de este espacio central, se orientan las galerías, favoreciendo la circulación a lo largo del museo.
El Museo Guggenheim de Bilbao ofrece tres tipos de espacios expositivos para la colección permanente, la colección temporal y una selección de obras de artistas vivos. Las piezas de la colección permanente se alojan en dos conjuntos de galerías cuadradas que se encuentran en el segundo y tercer nivel del museo, mientras que las obras temporales tienen su hogar en una dramática galería rectangular. Las obras de artistas vivos se pueden encontrar en galerías curvilíneas dispersas por todo el museo, permitiendo una integración con las otras colecciones.
Las galerías clásicas de forma rectangular proporcionan un ambiente más convencional para trabajos más tradicionales en una escala más pequeña, que han alojado exposiciones con obras de Eduardo Chillida, Robert Motherwell y Antoni Tàpies.
La versatilidad del resto de estancias ha demostrado ser extremadamente útil para los comisarios y diseñadores de la fundación Guggenheim que han podido crear la atmósfera ideal para presentar tanto obras de gran formato y medios contemporáneos como exposiciones de carácter más íntimo
El espacio más grande, conocido como el «barco» o «pez», se encuentra bajo el puente de La Salve y alberga una de las obras más imponentes. Este espacio, libre de columnas internas, cuenta con paredes de vidrio protegidas contra la radiación solar, instaladas sobre estructuras metálicas. En él, se exponen las monumentales elipses de Richard Serra que se ven enfrentadas a la irregular arquitectura de Gehry.

Exterior

El Guggenheim de Bilbao se destaca por su llamativo exterior, produciendo un contrate entre los intentos de modernización de la ciudad y el pasado decimonónico del barrio que lo rodea.
El edificio se integra con los barrios adyacentes por medio de una gran plaza exterior. La entrada al edificio se produce descendiendo por unas amplias escaleras desde este lugar de reunión hacía el gran atrio. Este ligero descenso permite diseñar un edificio de gran altura y generar el mencionado atrio sin interferir con la escala del barrio circundante. También soluciona hábilmente la diferencia de altura entre a la ría Bilbao y el nivel de la ciudad.
El edificio alcanza los 50 metros en el atrio, con un gran lucernario en forma de flor metálica, actuando como cubierta de este espacio. Esta es una de las características más emblemáticas de la estructura que, a pesar de su altura, respeta las construcciones adyacentes.
El museo se sitúa en una zona de reciente urbanización transformando el pasado industrial de la ciudad en un entorno repleto de espacios verdes, lugares de reunión y atractivos varios para el visitante. La entrada principal del Guggenheim se encuentra alineada con la calle Iparragirre, un eje principal que atraviesa Bilbao, integrando de manera efectiva el museo con el tejido urbano de la ciudad.
El exterior del museo, que puede ser completamente recorrido, sirve como un espacio de exposición al aire libre, alojando obras de reconocidos artistas como Louise Bourgeois, Eduardo Chillida, Yves Klein, Jeff Koons y Fujiko Nakaya.
El solar del museo también se interseca con el Puente de La Salve, que desde 2007 sirve como plataforma para la obra de arte los Arcos rojos (Arku Gorriak), una intervención escultórica encargada al artista Daniel Buren.

Estructura

La estructura del Guggenheim de Bilbao consta de muros y techos portantes, complementados por capas aislantes y un revestimiento exterior de titanio. Cada pieza de esta «piel» tiene una forma única, determinada por el software CATIA. Las superficies de doble curvatura de titanio se obtuvieron a través de una doble trama de generatrices, partiendo de la geometría facetada. A través de este intrincado proceso, se crearon los contornos de cada forma, que fueron cerrados con chapa galvanizada. Posteriormente, se añadió otra capa de para asegurar la estanquidad de la construcción y finalmente las escamas de titanio, fijadas con grapas de acero inoxidable.
Para el cálculo de la estructura fueron necesarios el uso de los programas CATIA y BOCAD, que permitieron diseñar, documentar y fabricar los distintivos elementos de acero que componían el edificio. Los programas procedentes de la industria aeroespacial francesa resultaron esenciales para el cálculo estructural de los diseños que proponía el estudio de Gehry en sus maquetas.
Esta fue la primera vez que Gehry usaba este tipo de software en uno de sus proyectos. Al principio el arquitecto mostró cierto rechazo, pero finalmente el uso de programas informáticos le permitió una mayor libertad en el diseño de sus formas. También la digitalización fue bien recibida por aquellos encargados de la construcción y fabricación de estructura del edifico, así como aquellos encargados de controlar los costes.
Esta herramienta permitió calcular las tensiones a las que estarían sometidos los diferentes materiales y facilitó la fabricación de los componentes de la estructura, cada uno de ellos único en su forma y dimensiones. Dada la complejidad de la estructura metálica y para hacer posible las uniones de la estructura metálica se evitaron las soldaduras y se emplearon uniones atornilladas. Las cimentación dada la proximidad al Nervión se resolvió con pilotes.

Construcción

La construcción del Museo Guggenheim Bilbao tuvo lugar entre octubre de 1993 y octubre de 1997 fue una obra de gran envergadura que logró la reconversión del antiguo muelle portuario e industrial.

La cimentación del museo se basa en pilotes de hormigón armado empotrados en roca a una profundidad media de 14 metros, dando soporte a un conjunto de edificios que conforman una intrincada red de espacios que se intersecan. Las cifras involucradas en su construcción son impresionantes: más de mil apoyos entre pilotes, encepados y micropilotes, 25.760 m3 de hormigón, y una estructura de metal con un peso estimado de más de 8 millones de kg, entre otras.

El museo cuenta con un armazón de acero laminado sobre el cual se sitúan estructuras más complejas, ninguna de ellas simétrica o igual a la otra. La estructura metálica se cubrió con alrededor de 33.000 finas planchas de titanio que, junto con el vidrio y la piedra caliza, constituyen la «piel» exterior del edificio. El titanio fue elegido después de descartar otros materiales y probar su comportamiento en muestras externas en el estudio de Gehry. El resultado es una apariencia orgánica y rugosa que cambia de tonalidad según la atmósfera reinante.

La construcción del Guggenheim Bilbao no solo se limitó al edificio en sí, sino que también incluyó la instalación de maquinaria de climatización y movilidad, la colocación de pavimentos interiores y adoquines, y el tendido de más de 416 km de cables, entre otras tareas.

Materiales

El titanio, usualmente utilizado en aplicaciones específicas debido alto coste y su gran resistencia, adquiere un papel protagonista en la construcción del museo. Gehry decidió emplearlo a gran escala como revestimiento exterior, describiéndolo como un material fino pero capaz de curvarse como un cojín. Seleccionado por su capacidad para responder a las cambiantes condiciones de luz, rechazó el acero inoxidable por su apariencia demasiado fría e industrial, mientras que el cobre revestido de plomo fue descartado por sus problemas de toxicidad.
Tras un proceso de experimentación, donde se trabajó con láminas de titanio de diversos espesores y tratamientos químicos, se logró un acabado que cumplía con las expectativas de Gehry. Con apenas un tercio de milímetro de espesor, los paneles de titanio se fijan mediante un sistema tradicional de anclaje, logrando un peculiar efecto de almohadillado que se acentúa cuando sopla el viento.

Por otro lado, la piedra caliza española se emplea para distinguir las formas de construcción más rectangulares del edificio. Este material, junto con el titanio, ayuda a fusionar las distintas formas del museo, desde las más escultóricas hasta las más estructurales.

A estas dos texturas se suma el vidrio de los grandes paños de vidrio, que ofrecen vistas panorámicas del río y de la ciudad circundante. Al crear un diálogo entre el edificio y su entorno y los materiales empleados, el diseño del museo responde no sólo a las necesidades de las colecciones de arte que alberga, sino también a la escala y textura de la ciudad.

Puppy

West Highland Terrier
El cachorro de West Higland Terrier a la entrada del museo es la icónica escultura conocida como «Puppy», una creación del artista Jeff Koons. Este perro gigante que se alza a las puertas del museo tiene adornada su superficie por flores que cambian con las estaciones

Mantener en buenas condiciones a «Puppy» es una tarea meticulosa que implica el cuidado constante de la escultura y la renovación de sus flores. Una red interna de tuberías con cerca de 120 puntos de salida permite el riego automático, mientras que regularmente se realizan tratamientos fertilizantes y fitosanitarios para garantizar la salud de las plantas.

Las flores que visten a «Puppy» se reemplazan dos veces al año. En primavera, se siembran plantas de verano como tagetes, begonias y alegrías, mientras que en otoño, se seleccionan flores resistentes al frío, como los pensamientos. El reemplazo de las 37,000 plantas que conforman a «Puppy» es un proceso con la ayuda de 30 jardineros toma alrededor de una semana.

Críticas

El gran éxito de Bilbao alentó a las autoridades locales de todo el mundo a impulsar su economía a través de un edificio singular de carácter cultural. En España el ejemplo más destacado podría ser la Ciudad de las Artes y las Ciencias de Satiago Calatrava. Esta larga lista continua con otros proyectos como la Ciudad de la Cultura de Peter Eisenman o el centro Botín de Renzo Piano en Santander, siempre muy alejados del éxito original de Guggenheim.
En general la falta de consenso político, la carencia de estrategias a largo plazo y el desarrollo únicamente de la infraestructura visible han empujado la mayoría de estos proyectos al fracaso. Muy pocos son los casos en los que este tipo de inversiones millonarias ha supuesto una mejora sustancial para las ciudades.
El edificio ha recibido críticas debido a su alto coste y al carácter prácticamente experimental de numerosas innovaciones implementadas durante su construcción. Estos aspectos han incrementado la complejidad y el coste de su limpieza y mantenimiento, debido a problemas como humedades y cambios de color en el titanio, a pesar de que no se ha tratado de óxido el problema como tal.
No obstante, la mayor parte de las críticas quedaron opacadas por el éxito inesperado que el edificio y el museo en sí mismo obtuvieron a nivel global. Esto ha reportado a la ciudad beneficios significativos y ha afectado a la imagen de Bilbao a nivel internacional de forma positiva.

Museo Guggenheim de Bilbao

Arquitecto:
Frank Gehry

Ubicación:
Bilbao, España

Promotor:
Gobierno Vasco

Año:
1991-1997

Superficie:
24,000 m2

Estilo:
Deconstructivismo

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Imágenes

Planos

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Bibliografía

Kuhl, I., & Heine, F. (2015). Buildings That Revolutionized Architecture. Munich, Germany: Prestel. Mathewson, C. (2007). Frank O. gehry. Firefly Books. Cohen, J.-L., Colomina, B., Friedman, M., Mitchell, W. J., & Ragheb, J. F. (2001). Frank O.Gehry. New York, NY: Harry N. Abrams. Rappolt, M., & Violette, R. (Eds.). (2008). Gehry Draws. London, England: MIT Press.

de Poorter, C. (2008). Atlante dell’architettura contemporanea in Europa. Milano, Italy: Mondadori Electa. El ‘Efecto Guggenheim’: Orgullo y Prejuicios. (n.d.). Green European Journal. El Guggenheim ha generado 3.173 millones de euros, 37 veces su coste. Unidad Editorial Internet. (2013, June 20). País Vasco. elmundo.es. Museo Guggenheim - Ferrovial. (2020, 23 abril). Ferrovial. EL MUSEO GUGGENHEIM BILBAO Guggenheim Bilbao Museoa. (s. f.).

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